Cómo el coaching empresarial mejora la salud emocional del trabajador

Lejos de lo que pudiese parecer, la psicología y el coaching son unos excelentes aliados cuando de
trabajar la salud emocional del/la trabajador/a se refiere. Dejemos las cosas claras, cuando lo que
buscamos es un conocimiento de nuestras propias habilidades y capacidades, unos recursos que
potencien las que ya tengo y me aporten herramientas para conocer otras que quizás desconocía que
poseía, con el objetivo de enfocarme en conseguir un determinado estado deseado, el coaching es tu
amigo. Ahora bien, si la base de la que partes es un problema emocional o psíquico, será la psicología
la que debas contemplar. Lo que está claro es que el profesional que aúne ambas disciplinas, o el
trabajo conjunto de profesionales de una y otra, será la opción más completa para obtener unos
resultados más óptimos en cuanto a la mejora y gestión de la salud emocional dentro de la empresa.

Así que, como psicóloga especialista en Inteligencia Emocional y Máster en Dirección de RRHH quiero
hacer del coaching empresarial un viaje donde descubras todo el potencial que hay en ti, superes los
obstáculos que se te presenten en el camino, tomes las decisiones que consideres que guardan relación
con tus valores y construyas un diario vivir donde la premisa sea el sentimiento de realización plena.

Decía Goleman (psicólogo): “La inteligencia emocional puede proteger la salud y fomentar el
crecimiento de las organizaciones. Si una empresa tiene las aptitudes que broten del conocimiento de
uno mismo, la autorregulación, motivación y empatía, habilidad de liderazgo y comunicación abierta,
es probable que sea más adaptable a lo que el futuro traiga”.

Y es que todo empieza DE DENTRO PARA FUERA, esa debe ser nuestra premisa. Es aquí donde entra en
juego el papel de la psicología del coaching. Psicología porque trabajaremos la parte emocional de la
persona y coaching porque acompañaremos, facilitaremos e iluminaremos el camino del cliente
(trabajador/a) para que éste/a, por si mismo/a, llegue al objetivo (meta) que se ha propuesto, eligiendo
el camino que quiera tomar.

Para ello trabajaremos, principalmente, la identificación, evaluación y consolidación de las COMPETENCIAS EMOCIONALES.

Definimos competencia, en general, como la capacidad para combinar de forma sinérgica unos
conocimientos (“saberes”), habilidades prácticas (“saber hacer”), actitudes (“saber estar”) y conductas
(“saber ser”) para realizar acciones con calidad y eficacia. Por ejemplo, si quiero trabajar como
profesional de la medicina, tendré que poseer los conocimientos médicos necesarios, dominar
habilidades de tipo clínico (elaborar una historia clínica con toda la información relevante, realizar una
valoración física y mental, establecer el diagnóstico, pronóstico y tratamiento, etc.) y comunicativo
(escucha activa, asertividad…), así como demostrar actitudes y comportamientos acordes con los
principios éticos y las responsabilidades legales que esta profesión conlleva.

En el caso de las competencias emocionales, nos referimos a la capacidad que tenemos para
combinar de manera eficaz nuestros conocimientos, aptitudes, actitudes y comportamientos, con
objeto de aplicarlos a temas tan diversos como la identificación de las emociones propias y ajenas, la
autoestima, la regulación de emociones y sentimientos, la asertividad o la toma de decisiones,
dependiendo de a qué competencia emocional estemos haciendo referencia.

Son cinco las COMPETENCIAS EMOCIONALES BÁSICAS:

– AUTOCONCIENCIA EMOCIONAL.
Es la competencia que adquirimos cuando tomamos conciencia de nuestras propias emociones, las
reconocemos, comprendemos y utilizamos sus implicaciones a nivel cognitivo y conductual para nuestro
bienestar personal.

– AUTONOMÍA EMOCIONAL.
Decimos que hemos adquirido esta competencia cuando somos capaces de auto­gestionarnos
personalmente, es decir, cuando contamos con una serie de características y elementos entre los que
destacamos: autoestima, autovaloración, automotivación, autoeficacia emocional, responsabilidad,
actitud proactiva, resiliencia y análisis crítico de las normas sociales.

– REGULACIÓN EMOCIONAL.
Se refiere a la forma que uno tiene de regular sus emociones, es decir cómo manejar estas de forma
apropiada. Supone tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y comportamiento; tener
y desarrollar habilidades de afrontamiento; competencia para autogenerarse emociones agradables, etc.

– COMPETENCIA SOCIAL.
Se refiere a la capacidad para mantener buenas relaciones con otras personas, lo que implica dominar
las habilidades sociales: respeto por los demás, practicar la comunicación receptiva y expresiva,
compartir emociones, comportamiento prosocial y cooperación, asertividad, prevención y solución de
conflictos, capacidad para gestionar situaciones emocionales, etc.

– COMPETENCIAS PARA LA VIDA Y EL BIENESTAR.
Se trata de la capacidad de adoptar comportamientos apropiados y responsables para afrontar
satisfactoriamente los desafíos diarios de la vida, ya sean personales, profesionales, familiares, sociales,
de tiempo libre, etc. Las competencias para la vida permiten organizar nuestra vida de forma sana y
equilibrara, facilitándonos experiencias de satisfacción o bienestar, por lo que nos ayudan con la fijación
de objetivos adaptativos, la toma de decisiones y la búsqueda de ayuda y recursos por un lado, a la vez
que potencian el bienestar emocional y el fluir.

Por tanto, ¿el coaching empresarial aunado con la psicología mejora la salud emocional del
trabajador/a? La respuesta es sí, en todos los aspectos anteriormente mencionados.

Recuerda DE DENTRO PARA FUERA.

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